domingo 13 de julio de 2008

Vida y complejidad IV - Cerebros de plastilina


El asalto final a la naturaleza, es decir su control y por tanto emancipación propia de ella, que es para muchos una característica fundamental para medir la complejidad biológica, se batalla en el terreno de la neurociencia.
Ya no es la carrera espacial, no es la descripción del genoma, no es siquiera la busqueda de nuevas fuentes de energía, todo esto está por desarrollar pero ya sabemos que está ahí, tenemos la idea de que lo sabemos, lo conocemos, que sólo queda desarrollarlo. Pero el cerebro es todavía un misterio. Y tratamos de conocerlo manipulándolo, ni más ni menos que como hemos hecho desde que aplicamos el método de experimentación por ensayo y error. Esto se hace desde largo tiempo atrás, y en muchas ocasiones pasadas de formas bastante brutales: traladros, descargas eléctricas, amputación de partes concretas de nuestra masa cerebral, cortes, inyecciones, drogas, etc. Métodos de alto riesgo y que producen, por sus costes y resultados, avances muy relativos. Ahora por medio del electromagnetismo (véase el famoso método de resonancia magnética: FMRI) podemos estudiar de manera "no intrusiva" el cerebro humano. Pero no sólo podemos estudiarlo sino que según vais a ver en el siguiente vídeo, sacado del blog del magnífico Eduard Punset, también puede modificarse el sistema neuronal.
Es obvio que este poder, la modificación de nuestro cerebro y por tanto de nuestra mente, es algo que da pie a todo tipo de especulaciones sobre cual será el uso que se le dé a estas técnicas cuando estén más desarrolladas. No me extraña que Punset pasara tanto miedo en el experimento del vídeo.



Por cierto sería interesante saber si el uso de internet y la forma de usar y buscar información en la red puede cambiar nuestro "plástico" cerebro de algún modo. Nos adaptamos a todo, por qué no pensar que nuestro cerebro ya se está adaptando a algo que le implica de manera tan directa como los cambios en la manera de adquirir información.